sábado, 28 de junio de 2008

Dulce Señor, dulce como la miel

Tu rostro de miel se pega con mi piel, me compartes tu dulzura, me enloquece tu sabor a amor. Inmenso como el mundo, profundo como el mar. Me derrumba tu aroma a libertad. Siento como las olas se conducen con el aliento de tu voz... el color se desprende de tu pasión. Chocan miradas tentadoras pero tú eres muralla de rosas que perfuman mi interior. Alabaré tu nombre, exaltaré tu presencia. No me iré más lejos, dónde tu me lleves iré. Navegaré noche y día sí tu me acompañas. Lucharé por tí. Entregaré mi vida por tenerte en mí.
Ya no sé cómo decir que te amo, que mi corazón has derrumbado y, con tu huella sellaste tu nombre. Te Amo. No quiero alejarme de tí, no quiero apartarme de tu voluntad. No quiero perderme en un laberinto sin final.




Pequeña Alma, ensalsada de amor, vestida de misericordia, servidora de paz.

No hay comentarios: