Un nuevo día ha comenzado, ya no temo a nada... pues en el abrazo de mi amado estoy y el mundo pasa por mi lado, me mira con ojos de envidia pero nada puede hacer para enterrarme en su negra tierra. Gira una y otra vez, dando vueltas de revés, busca una y mil formas para atraerme pero no lo consigue. Vuelve a mirarme con ojos mentirosos, que simbolizan ternura pero más allá de su color existe la verdadera intención. Camina despacio, esperando a que lo alcance. Me acerco, lo paso, no me detengo... apresurada, con la mirada fija en mi meta, continúo. Las horas pasan, los minutos no quieren detenerse... no me queda más que dejar atrás todo aquello que tiempo me quiera quitar. El mundo, ese mundo donde viví por muchos años pero que ayer fui rescatada por una divina mano, que en todo momento anhelé.
Me siento en el abrazo de mi gente, protegida por mi amado... sé que nada me falta cuando con él estoy. El amor cae en forma de tormenta, el sol brilla como nunca antes lo logró. Resplandece la luna en el anochecer, blanca y llena. Llena de ternura, sueños y espacios de libertad. Se fusiona la creación... sol, luna, tormentas, mar, arena... se unen en el arco iris del encuentro con el magnífico creador. Las estrellas caen sobre mis ojos tristes, empapados de amargura y como un toque mágico... vuelan lejos... nueva vida hay en mí, mis ojos ya no tienen miradas amargas, ahora irradian la ventana del alma mía que se encuentra bailando en un boliche de adoración. Donde la música es lenta, la melodía impacta en mí. La letra dice profundas verdades que nunca me he detenido a pensar. Termina mi noche de salida, comienzo un día de intimidad vivida pues en aquél lugar, conocí la soledad, y de vuelta a mi hogar me acompañó. La invité a pasar, me dijo que con mucho gusto pues conmigo se quería quedar. Hablamos y más aún no podemos terminar. Fiel compañera, a partir de ahora mía será. Soledad quién es dueña de la divina intimidad. Soledad, quién sobreestimada está... no encuentra compañeros, el mundo teme de ella y sola se siente. Oh! soledad, yo te acompañaré, mi vida entera contigo compartiré. Pues contigo encuentro el espíritu que anhelo. Me regalas silencios dulces y vespertinos. Silencios poderosos, que en medio del ruido reinan igual. Oh! soledad amada compañera, complaciente y cordial. Gracias por estar.
Alma Pequeña
miércoles, 25 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario